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Los primeros testimonios de la ocupación del territorio por gentes portadoras de la
cultura del megalitismo, son los vestigios hallados en las sierras altas, donde se concentran
túmulos dolménicos (Bustantigo, Berducedo, Fonfaraón y Carondio).
Estos megalitos, unos treinta, marcaban, tal y como indican algunos historiadores, un itinerario,
que coincide con la tradicional ruta de La Carreiriega de los Gallegos. De entre ellos cabe citar
el conocido dolmen de Entrerríos o Lastra da Filadoira.
En el Neolítico comenzará a desarrollarse la cultura castreña, desde el periodo protohistórico
hasta la invasión romana. El municipio allandés es uno de los más representativos de Asturias en
recintos castreños, ya que cuenta con once castros catalogados, de entre los que destaca el castro
de San Chuis, de época romana, identificado en 1952 y parcialmente excavado diez años después.
San Chuis es un verdadero ejemplo de recinto fortificado pésico, adosado a una loma, con seis
fosos y una muralla perimetral, protegiendo las cabañas de planta circular que se encuentran en
su interior.
San Chuis parece estar relacionado con las riquezas mineras del concejo, especialmente
el oro, que tanto atrajo a los romanos. Estas explotaciones auríferas dejaron gran
cantidad de vestigios en el territorio, así como en la toponimia allandesa.
Entre los restos de explotaciones auríferas destacan los la zona del Palo, en donde se
halla la Cueva de Xuan Rata, Fana La Freita y el túnel de Montefurao., que comunicaba la
cuenca del río Valledor con la del Lloredo. Otro conjunto estaría en el valle del río del
Oro, y el último grupo en las cercanías de San Chuis. Éstas últimas explotaciones debieron
empezar en el siglo I y cesar al comienzo del siglo III.
Sigue un periodo poco conocido, posiblemente bajo el control del reino suevo y luego
del visigodo.
En el siglo XI, buena parte del territorio de Allande quedó en bajo dominio de
los monasterios de la zona, fundamentalmente Corias, aunque también otros como
Obona o Celón, hasta el siglo XIII en que pasaron los derechos a la Puebla de
Allande, época de la que data su carta fundacional (entre 1262 y 1269).
Durante el siglo XIV, Allande estaría bajo control de la familia Quiñones,
lo que ocasionó reiteradas protestas de sus habitantes. El dominio del concejo pasó
de los Quiñones Rodrigo de la Rúa quien la compra por un millón de
maravedíes. Éste fundó mayorazgo a favor de su hijo Gutiérrez
González de Cienfuegos, casa que obtendrá en el siglo XV, el título de
condes de Marcel de Peñalba. Las prerrogativas fueron mantenidas hasta la reforma
constitucional de 1812, fecha en la que el municipio se hace independiente y elige a sus
autoridades, que defenderán la Constitución frente a los carlistas, liderados por
Dionisio Lombán.
Ya en el siglo XX, la guerra civil española no afectó directamente al municipio,
aunque sí tuvo cierta incidencia posterior la guerrilla, destacando las actividades de la
partida de Serafín Fernández, "El Santeiro".
Un dato que destaca en la historia de Allande de los siglos XIX y XX es la sangría
demográfica que supuso la emigración a América y la influencia de los
“indianos”.
El nombre de Allande y su escudo 
Allande debe su nombre a la época de los romanos, ya que parece proceder de la denominación
latina “ad lindem”, junto al límite o en la frontera con los suevos.
Su escudo fue otorgado por el rey Alfonso XI al pueblo allandés, por la ayuda
prestada en la batalla del Salado, el 30 de octubre de 1340.
En azur, la Cruz de la victoria de oro y piedras preciosas, con las letras griegas
Alfa mayúscula y Omega minúscula, ambas de oro y colgadas de sus brazos.
Bordura de ocho menguantes de oro, con corona real abierta.
La bordura cargada de menguantes significa la participación de los Allandeses en la
citada batalla librada contra los musulmanes. El menguante con las puntas hacia abajo,
es el símbolo empleado en la heráldica de los países cristianos para simbolizar la victoria
sobre el Islam.
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